Richard Vargas: “La comunidad está cansada de proyectos que sólo son bonitos en el papel”

El Seremi de Medioambiente realizó su balance del panorama energético de nuestra zona; destacando la necesidad de proyectos que avancen armónicamente con los intereses de los habitantes.

Al hablar de medioambiente muchos piensan en el cuidado de la naturaleza y medidas para evitar cualquier tipo de contaminación; sin embargo aquel concepto es mucho más amplio e involucra aspectos identitarios, sociales y culturales. Precisamente esos son algunos de los aspectos que el actual Seremi Richard Vargas considera al debe en una zona que se presenta auspiciosa en cuanto al aprovechamiento de sus recursos energéticos para la generación de electricidad.

“Es importante que se sepa y que se difunda que nuestra Región es maravillosa en cuanto a potencialidades de generación de energías renovables. El desafío no es solo aprovechar esas ventajas, sino que además se traduzcan en beneficios para el ciudadano, para que éste se sienta empoderado e identificado con esa actividad”, comentó la autoridad.

¿Qué medidas debiéramos adoptar para conseguir aquella meta ciudadana?

Allí hay tres líneas de trabajo. La primera es que los costos de distribución deben ser beneficiosos en el sentido que acá se debiera pagar menos al ser la zona que más genera. Lo otro es que las patentes de las empresas que se instalan deben pagarse en la comuna correspondiente, contribuyendo al desarrollo local. Una tercera opción es asociar todas las fuentes de generación a los ciudadanos. Si pienso en paneles fotovoltaicos no pienso en grandes instalaciones sino en la manera en que se implementa en los hogares; o lo que pasa en Arauco, que  con un alto potencial eólico, hoy muestra varias carencias. La idea es que las opciones renovables deriven en cierta autonomía en cada localidad.

La industria energética tiene que tener una visión integral de su labor; por ejemplo es el aprovechamiento de sistemas hidráulicos en el regadío. El uso tiene que ir más allá del rubro energético, pero eso se complica al estar en manos de privados. El Estado antes podía aplicar una visión más sistémica, labor que ahora asume al ser parte del proyecto Punilla.

¿Concuerda en que hoy existe una especie de demonización de las termoeléctricas?

Yo diría que están demonizadas por lo que fueron en el pasado. Sin lugar a dudas se instalaron sin las medidas preventivas de contaminación; si se aplicaran las medidas de hoy no tendrían tanto desprestigio social; pero ahora deben cargar con un pasado negro tras llenar de hollín los techos de algunas comunidades. Me parece que en la actualidad las centrales termoeléctricas de última generación con filtros electroestáticos son absolutamente admisibles y generan por lejos mucho menos impacto ambiental que, por ejemplo, una planta de celulosa. Pero las primeras están bastante más demonizadas.

Un tema que preocupa cada vez más es la contaminación producto de la leña, en especial por su uso masivo. 

Tenemos que reconocer que nuestra Región tiene una gran cantidad de familias que por situación económica no pueden recurrir a energías limpias que suelen ser más caras. Además mucha leña que se usa ni siquiera es comprada sino extraída de sectores aledaños. Allí se tiene que hacer una labor educativa importante en materia de eficiencia energética, en aislación térmica y acondicionamiento de la biomasa. Allí surge la opción del pellet, con un porcentaje mínimo de humedad y alta eficiencia.

Cómo es su balance a nivel regional. ¿Es favorable o catastrófico?

Creo que estamos en una fase intermedia. Si bien es cierto que se desarrollan energías no convencionales, estas todavía no son armónicas con el medio donde están. Se contemplan los estudios de impacto ambiental, se contribuye a descontaminar, pero todavía falta más compensación para el medio social. Los proyectos deben ser diseñados con las comunidades, y que estas se sientan parte de los beneficios. Que no sientan que llegó alguien a aprovecharse. Hay proyectos emblemáticos que han sido un ejemplo a seguir, como el de Angostura, donde se hizo un proyecto con una mirada integradora. 

Un proyecto que hoy es debate entre los penquistas es la construcción de un parqué eólico en el parque Pedro del Río Zañartu

La Península de Hualpén es un santuario de la naturaleza, pero que está en manos privadas y una parte mínima en el Estado por un asunto del legado de Don Pedro del Río, pero se requiere que se generen recursos para sostenerlo. Lo que tenemos que hacer es desarrollar un modelo de gestión que permita determinadas actividades económicas en el área y que beneficien la conservación de la biodiversidad. En eso estamos trabajando.

Otro polo de conflicto ha sido Coronel, donde se ha hecho sentir un cuestionamiento a las centrales energéticas

En Coronel hay un plan de recuperación social donde la comunidad sindica a termoeléctricas como foco de algunos de sus principales problemas ambientales; ello sumando la actividad portuaria que implica. Allí hay que visualizar el cómo transformar las externalidades negativas en positivas.

Por ejemplo en Bocamina hay un excedente térmico que se bota al mar y afecta la fauna marina y la pregunta es cómo usar ese calor en más energía o en proyectos alternativos como baños termales; o aprovecharlos en sistemas  de cultivos de especies que viven en esa temperatura, como camarones ecuatorianos u ostiones, ello en beneficio de nuestros pescadores y algueros. 

Otro proyecto que generó reacciones airadas fue Óctopus, con protestas de pobladores tanto de Bulnes como de Penco y Lirquén

Allí la voz ciudadana se ha hecho sentir. Hoy ese proyecto se replantea en lo que se llama BioBio Genera (ex Óctopus) y contempla la central termoeléctrica Campesinos en Bulnes, que es en base a gas, así como el terminal gasífero Penco Lirquén. Este último es el más demonizado y ha transmitido su oposición al caso de  Campesinos. Su construcción se fundamenta en el gasoducto, pero también hay otras alternativas de traslado, pero que son de mayor costo económico para los inversionistas.