Energía y ciudadanía: El poder es tuyo

Para avanzar hacia el desarrollo con un modelo eficiente, diversificado y sustentable se requiere de la participación activa de las personas. La información clara y la educación son cruciales a la hora de poner los grandes temas sobre la mesa. 

En estas páginas hemos hablado del rubro energético en su conjunto, incluyendo las fuentes de generación y los recursos disponibles. Allí hay intereses privados y una política de Estado que apunta a mejorar las condiciones de competitividad de nuestra industria; pero ello además involucra el constante debate en torno al impacto que los proyectos tienen en los habitantes  y en la naturaleza. Ya sea como motor de la industria nacional como en su uso cotidiano; la energía eléctrica es un recurso indispensable  cuyos beneficios deben ser disfrutados por todos los chilenos; siendo un desafío prioritario cumplir con los miles de compatriotas que por diversos motivos hoy no cuentan con aquel servicio.

Tanto el presupuesto de las empresas como el bolsillo de la dueña de casa hoy se ven afectados por los altos precios que pagamos en electricidad. Para evitar que sigan subiendo se requiere mayor producción a través de nuevas centrales y desarrollo de alternativas menos convencionales. Es aquí donde el papel de la ciudadanía adquiere un papel protagónico en las políticas y estrategias a seguir.

No se trata solamente de cuanto pagamos. Hay muchas maneras en que la industria energética afecta nuestras vidas; está la calidad del servicio y la confianza ante emergencias, además del entorno de los proyectos y el respeto por las tradiciones locales. No hay que centrarse sólo en cuánto crecemos sino en “cómo” crecemos y para qué.

Activismo pasivo

La creación de agrupaciones preocupadas de estos temas y de actividades de difusión y diálogo siempre ha sido y será necesaria a la hora de representar las inquietudes de los ciudadanos; y lamentablemente en nuestro país y en nuestra zona son iniciativas escasas o que nacen y desaparecen con un conflicto en particular. 

En Chile son varios los casos en que la explotación de recursos naturales ha generado interés, alarma, activismo y participación de todo tipo de colectivos y entidades vinculadas a causas medioambientales, ciudadanas o culturales; y el ámbito energético no ha sido la excepción. Ya en nuestra zona es emblemático el debate sobre comunidades pehuenches en el sector de represas como Ralco, o más recientemente hemos visto la oposición a proyectos como Octopus, con bastante notoriedad ante la opinión pública. 

Existen algunos colectivos y ONGs que se mantienen en sus causas como Ñuble Libre o Aguas Libres, destacando el caso reconocido internacionalmente de la Corporación Codeff, preocupada de la Flora y Fauna, y que en el último tiempo se ha sumado a la discusión sobre el proyecto de un parque eólico en el Parque Pedro del Río Zañartu. Pero se requieren más organizaciones como esa para que los avances sean acordes a las inquietudes de la población.

Vale la pena ver ejemplos de políticas energéticas exitosas, productivas y sustentables de países como Dinamarca o Portugal para constatar que el rol de la ciudadanía a la hora de proponer, guiar, observar y fiscalizar fue  crucial en la concreción de sus metas. El llamado es a avanzar en ese sentido… pero de forma informada y seria, con diálogo y altura de miras.