La energía de la historia

Nuestra geografía fluvial y un esplendoroso pasado minero se unen en la figura de la central hidroeléctrica Chivilingo, monumento nacional que encierra un poderoso legado identitario y educativo; pero que permanece a oscuras ante la falta de acciones concretas para su restauración.

En un momento en que el tema energético es clave en la agenda global y de cada país; bien vale la pena darle una mirada histórica para comprender su verdadera relevancia. El destino de la humanidad ha sido dirigido por los avances que unos y otros realizaron respecto al uso de la energía; desde el descubrimiento del fuego hasta el gran colisionador de hadrones inaugurado el 2008 en Ginebra, Suiza.

Si revisamos la historia local; la de la cotidianeidad, la cultura y del mundo industrial en sus distintas épocas, notaremos que la energía es un eterno protagonista en el escenario regional. Por un lado, es la gran zona de tremendo poder o potencial hidráulico, con sus correspondientes aristas políticas, económicas, ambientales y culturales; pero además guarda en su pasado la generación de una fuente de energía que fue clave en el desarrollo industrial del siglo XX; el Carbón.

Ambos aspectos tuvieron su punto de encuentro en uno de nuestros hitos históricos vinculados a la electricidad. La instalación de la central hidroeléctrica Chivilingo, la primera del país y la segunda de Sudamérica, y que tiene como particularidad haber sido diseñada por el mismísimo Thomas Alba Edison.

Gracias a la iniciativa de Isidora Cousiño, la central fue inaugurada en 1897 y se mantuvo operativa durante 78 años. Al principio el equipamiento traído por la empresa alemana Siemens sirvió para iluminar el interior de las minas, bombas de extracción de agua y los carros eléctricos con que se trasladaba el carbón; pero pronto su uso se extendería a la vida urbana, transformando a un sector de Lota en unas de las localidades más avanzadas o modernas de su tiempo en el pais.

Sin duda la histórica central es un símbolo del progreso y del esplendor de aquella zona. En sus turbinas y generadores comenzó a escribirse nuestra historia industrial, una de las razones que motivaron su declaración como monumento nacional en 1990. Es más, en 2004, el instituto de Ingeniería Eléctrica y Electrónica de Estados Unidos la declaró como un “hito de la ingeniería mundial”. 

Lamentablemente Chivilingo sufrió serios daños con el terremoto del 2010, impidiendo el acceso del público desde entonces. Es un deber pendiente de las autoridades que aquel espacio vuelva a abrir sus puertas en beneficio de las futuras generaciones; pero también es una misión de la ciudadanía apreciar su valor y exigir su restauración en pos del patrimonio histórico de la  Región del Biobío.